Anthony D. Madrid-Dupuis nace en Tours, Francia en 1978. Vive desde los 8 años en Venezuela. Es médico egresado de la Universidad de Carabobo (UC), especializándose en cirugía general y en cirugía plástica y reconstructiva en la Universidad Central de Venezuela. Fue cofundador del periódico cultural Alternativa de la facultad de medicina de la UC. Escribe poesía desde muy joven y ha publicado sus poemas en varias revistas digitales. Actualmente esta trabajando en la edición de su primer poemario llamado Verso en reverso.
- Miembro de Poetas del Mundo
- Miembro del World Poets Society
- Participante en la Antología digital Poetas del Mundo
- Publicación de poemas en la Revista digital Cinosargo
- Seleccionado para el libro de antología La Agonía del Nirvana. (Argentina)
Poem #1
ZIGZAG
Convertido en otra sombra de atardecer
dejo mi huella invisible en cada paso entregado al concreto
y observo como suben y bajan los cráneos
…miles de ellos…
en su largo retorno al hogar
parecen bailar en organizado caos
en un desquiciante ascenso y descenso
ritmo demasiado habitual
algunos rostros tristes
algunos otros libres
miles de historias jamás contadas
que avanzan firmes
hacia la nada
hacia el todo
¿quien sabe?
si solo son cráneos convertidos en sombras
y yo… siempre apurado…
…solo soy un cuerpo en caótico zigzag
¿Mi Existencia?
una cuestión de azar,
un oportuno infortunio.
Nefasta, hermoso error.
Perfecta, casi leyenda.
Le preguntaba a mi náusea
¿Cuándo seria el tiempo del tiempo mejor?
Silencio…
Amargo dejo en el paladar,
nunca evitable cuando observo al humano andar.
Me arrodillo ante Jesús, María y José;
de yeso y pintura los tres.
Olvido, en instante breve, mi iconoclasia,
y rezo al yeso y la pintura.
En el silencio agónico de las iglesias
nadie responde a mi fe.
Dios ha muerto
dijo un santo,
y yo quise creer.
Aferrado a ese absurdo,
rasgo las paredes,
y con la sangre en mis falanges,
me ahogo a cientos de kilómetros de un mar de nadie,
de un mar de nada.
Solo…
hedor de mi propio yo,
Insoportable,
Imposible;
¡¡¡Humano!!!
Convencido de mi agorafobia,
me tortura la imagen del claustro.
Demostrada mi innecesaria presencia,
mastico mil balas,
degluto una palabra
y digiero mi fe.
Solipsismo
Es lo que tengo
Solipsismo
Es lo que soy
Solipsismo
Me lo ha dicho Dios…
Eternidad de segundos contados.
Morir…
Solo para despertar inmerso en el llanto
de funestas piernas abiertas entregándolo todo;
en su corrompida y rota adolescencia.
*
Carecer de virginidad,
por la premura del mísero esquinero de oficio.
Metal brillante, frió, en cara ajena,
mientras penetra tus secretos
y los grita en el ágora,
cual maldito paparazzi.
*
Fotografía del periódico local,
de tu fría y blanca carne;
nunca oportuna en tiempo propio.
Divina para el domador perverso,
que sacude su saliva sobre ti,
al ritmo de un vaivén de infortunio y repugnancia;
para desaparecer tras la noche,
a seguir legislando las leyes que rigen
las buenas costumbres de ese maldito país.
*
La cara del algún prócer
siempre comprara conciencias.
y es mejor vivir con la vagina empapada en asco
que en humillante repetición:
De aquel llanto, la primera
Y de la puta más cara, la justicia, la segunda.
*
Ese maldito de oficio,
que luego de tocarte, impuro,
besa la cara de su hija de 4 años;
acaricia la mejilla de su mujer,
y juega el rol del padre estelar,
del esposo fiel.
*
Aquel que se pasea en tribunas
y paga su renta puntual.
Digno exponente del contribuyente ejemplar.
Basura disfrazada de gente.
Aunque al final ambas palabras suelen ser lo mismo.
*
Y tú, gracias a su cortesía,
te conviertes en cortesana obligada de este “parco” planeta.
A pesar de mi absurda creencia de que algunas pocas letras
pueden cambiar a este muladar llamado mundo.
¿Acaso pueden estas letras resecar el asco que empapa tu alma?
Sobre el fértil terreno
De la infértil Sahél
La sangre es mantillo
De causas preñadas
Mil lenguas cimbreantes
De la flor desterrada
Trashumantes deseos
Inmigrantes de nada
Putrefactos olores
De una tez olvidada
Y hieres, solo hieres
Íngrimo y puro
La casa de los Fur te ha quedado estrecha
Yanyawid que caminas
Sobre cuerpos y espinas
De los tiempos olvidas
Su perfecto final
Yayanwid que derramas
Sobre el lar tu saliva
En la sangre oprimida
Del que ya no tiene nombre
¡Zaghawa!
¡Fur!
¡Masalit!
Solo Yanyawid
¡¡¡Sahél!!!
Tierra de todo
Tierra de nada
¡¡¡¿Por qué lo permites?!!!
Jinetes armados te profanan
¡¡¡Te violan!!!
Fecundos de estrago
Rebosantes de carencias
Te preñan de pavesa
Y pares desolación
¡¡¡oh Baggara!!!
La arena se escurre entre tus dedos
Sobre mis ojos
La arena se seca
También la esperanza
Cual manada
Solo avanzan
Vientres desahuciados
Techumbres en llamas
Reminiscencias de aquellos cantos
Ecos del último abrazo
¡Como quise ese último abrazo!
¡Pero jamás la lágrima de tus ojos!
Esa lágrima exhausta
De correr por mejillas
Al final de los días
El tiempo no olvida
Es siempre severo
En su perfecto final
Te recuerdo Juanita,
los años no pasan en vano.
Yo, desmenuzando un recuerdo tuyo.
Tu, develando verdades en otra orilla.
Sobre mi, toneladas de esquirla y metralla.
Sobre ti, otras tantas de tierra, viento y agua.
Te recuerdo Juanita
La plaza, el Bolívar; las guacamayas, la cantina.
Las aulas abiertas, los árboles; los perros, las terecayas.
Los valores, la grandeza; los regaños, los amores.
El himno, su significado; el país, sus razones.
El “Pedro Moreno”, sus tiras; los abrazos, las canciones.
¿Y crees que te has ido Juanita?
¿Quién te dio ese derecho?
Si los indispensables solo son en la tierra,
así Dios los quiera en el cielo
Y luchaste Juanita, lo sé…
Y sufriste, también lo sé…
El destino engullo tu pecho,
lo convirtió en daga,
y te apuñalo despacio.
¡Sin misericordia alguna Juanita!
¡¿Cómo pudiste dejarte vencer?!
Si de eternidad tu alma fue hecha
¡¿Cómo pudiste dejarte?!
¿A dónde se fue mi escuela?
¿A dónde se fue mi era?
Maestra de vocación,
peregrina donde quieras,
puedes irte mil veces
¿Pero cómo del corazón?
Rememoro la afrenta frente a Bolívar
después de mi ingenuo himno.
Rememoro el calor derritiendo mi soberbia.
al ritmo de despertares,
de conciencias vivas.
Al final de la puesta, ya era un hombre,
ya era un destino.
Te recuerdo maestra mía
De valores y osadías
De luchas y conquistas
De grandes seres que moldeaste con tu mano de pintora
De grandes seres que hechizaste con tu magia de mentora
Juanita mía
De historias y añoranzas.
Recuerdo tu fragancia y tu sonrisa
Y a “Pedro Moreno” en aquella arista
¿Por qué te has ido?
Si despedirme no he podido
¿Cómo darte las gracias?
¿Cómo decirte lo tanto que te debo?
Tendré que ser un gran hombre
para estar a la altura de tu suelo.
Tendré que ser un valiente para honrarte
Tendré que estar a la altura de Pedro y de Moreno.
Tendré que ser Bolívar y ser eterno.
Tendré que ser.
Juanita León,
maestra de vocación,
viaja a donde quieras.
Puedes irte mil veces
¿Pero cómo de este corazón?
Comment Wall (1 comment)
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Muy hermoso lo que escribes Anthony. Un regalo para el alma.
Saludos desde Chile, Elisa